Corredor Esquerra, en el Pic del Mig de la Tallada

Por fin se alinearon nuevamente los planetas y pude replantearme el recorrido de este corredor. Salgo de Bcn en compañía de Alex M. aunque en el mismo viaje aprovechamos una ascensión con esquís de montaña al Port de Vielha, y hacemos noche en el refugio de Conangles. El día de la ascensión madrugamos y nos ponemos rumbo al valle de Molières.

Empezamos a caminar de noche. La aproximación hace que poco a poco la pereza acabe desapareciendo y nuestro cuerpo se active y se prepare para la jornada de hoy. A medida que avanzamos las ganas aumentan. Va clareando y vamos vislumbrando la cara norte del Pic del Mig de la Tallada con sus dos corredores característicos bien marcados, el de la izquierda, y el inserso. Tenemos delante una cordada que ha madrugado más que nosotros, pero vemos que se dirige a la base del pic Feixant. Nosotros subimos un gran cono para superar el contrafuerte, esquivando algunas concavidades que se adivinan susceptibles a tener relación con aludes. En la ladera superior del contrafuerte atravesamos a izquierda en dirección a la entrada de nuestro corredor.

Subimos tranquilos, ya que aunque ha nevado recientemente, vemos que en las zonas más empinadas, la nieve está dura, y sólo hay acumulaciones recientes en zonas bajas y cóncavas.

La entrada del corredor se presenta fácil así que entramos sin sacar la cuerda, y avanzamos abriendo huella hundiendo los pies en la rampa de nieve. Vamos a superamos un primer pequeño resalte, pero preveyendo que la cuerda será necesaria enseguida. Nos encordamos y vamos por faena. Superamos el primer resaltito, montamos primera R, y tomo el relevo preparado para el primer largo difícil. Me encuentro ante un diedro en rampa, pero bastante vertical, con algún rastro de hielo de poco grosor. Debo combinar el piolet con las manos, y los apoyos de los crampones se combinan sobre hielo fino y sobre fracturas de la roca. Tenemos la ayuda de una cinta fijada a un pitón, y voy asegurando en la fisura de la izquierda con lo que puedo. Con cierta tensión supero el resalte y alcanzo una zona donde veo ideal montar nuestra R2. No es fácil, por la izquerda la roca se descompone, por la derecha ya me pongo en una zona vertical y menos protegida. Limpiando el terreno, acabo por encontrar una buena fisura en una roca tapada por la nieve. Por fin, puedo montar, aseguro a mi compañero, y Alex M. me toma el relevo.

Alex M. entra en una canal inclinada con ciertos resaltes y escasa de nieve y hielo, llega al final y monta la R3, realizando un largo largo.  Le alcanzo, y nos alegramos, puesto que los pasos más difíciles ya los hemos superado, sin embargo hemos dedicado más tiempo del previsto.

A continuación nos esperan 4 largos de predominio de rampas de nieve muy compacta con  resaltes de roca, alguno incómodo de superar. En cada largo apuramos la longitud de las cuerdas, montando reunión con lo que encontramos o podemos, algún pitón aislado nos complementa el trabajo.

Se nos está haciendo tarde, y deberíamos estar cerca del final, me toca abrir y avanzo de nuevo por rampa de nieve compacta, alcanzo la goulotte justita de hielo/nieve pero factible de realizar, y ya ensamblando subo hasta la arista de salida. De dos enormes bloques de piedra, escojo uno de ellos para montar la reunión, el otro no está fijado y al forzar se mueve. Sube Alex M.

Le toca a él abrir el terreno de arista hasta la cima, pero preparando el cambio muevo sin querer el bloque inestable y se inclina hacia mí. Lo detengo, pero me resulta imposible alzarlo nuevamente para colocarlo en su situación original. Sabiendo que no viene nadie detrás nuestro, la única solución parece dejarlo caer en dirección al corredor. Intentamos apartar la cuerda para que el bloque al caer no la arrastre, pero no lo conseguimos, dejo caer el bloque que pasa por encima de la cuerda e intento minimizar la presión sobre la cuerda dejando que pase por encima de mi pierna. El bloque cae llenando el aire de un olor característico que recuerda a la pólvora.

Seguimos nuestra progresión, y cuando estoy asegurando a Alex M. descubro que una de las cuerdas que estamos usando está fantásticamente bien dañada por el paso de la roca. Acabamos el ascenso realizando ensamble, alcanzamos cima, y rapelamos para alcanzar la ladera sur con la única cuerda sana.

Las laderas tienen bastante nieve, y optamos por dejar distancia de seguridad. En algún momento la nieve nos habla con algún wumf aislado pero tenebroso, por suerte la cosa no pasa de ahí. A partir del collado de descenso ya parece que las dificultades se relajan. Durante el descenso nos alcanzará la oscuridad, nos iluminará la luna llena, y por fin llegaremos al coche a las 20h de la tarde.

Una gran jornada y un buen itinerario, que deja un buen sabor de boca. A nosotros, sin embargo, nos costó una cuerda.

Acerca de manupirineos

Nací y crecí en Barcelona. Actualmente trabajo como guía en actividades de montaña.
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